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paisaje

El paisaje era su hogar, un lugar sereno e inamovible al que acudía porque en él encontraba aquellas cosas que lo hacían feliz. En la cotidianidad de sus días soleados de trabajo tenía árboles, nubes

y montañas. En la naturaleza encontró alimento y sustento, una forma de vida, y un espacio sagrado para la creación y la contemplación.

gráfica

La placa y el ácido representaron un submundo —radicalmente diferente al de las posibilidades de color y luz que le proveía el óleo—, una suerte de realidad invertida o especular donde pudo explorar motivos y temáticas mucho más oscuras y ocultas; tantear la sombra, el revés del mundo y, también, el revés de su propia sensibilidad.

Mural

En el mural personifica su perspectiva de la historia mexicana. El carácter de este gran formato le permitió expresar sus observaciones históricas, sociales y culturales, además de ser una tribuna para manifestar los valores humanos, morales y nacionales que juzgaba imprescindibles, al mismo tiempo de sus convicciones y principios más arraigados.

figura humana

En la observación y en el estudio del cuerpo humano encontró otro tipo de paisaje, otro tipo de extensiones geográficas, lienzos naturales de diferentes volúmenes y laderas; un paisaje del cuerpo que —en lugar de presentarle la cartografía de la naturaleza— le reveló la cartografía de lo humano: la corporalidad como síntesis del territorio individual irrepetible, y el único canal para hacer presencia en el mundo.

naturaleza muerta

A través del mundo artificial y todo aquello concebido y fabricado por el hombre, muestra la tensión entre el arte y la vida, la temporalidad a la que está sujeta la existencia, vista a la luz de los objetos y artefactos que dan testimonio de su paso por el mundo, aún más, que manifiestan la consciencia despierta, la inteligencia e imaginación humanas, en el constante hacer, sentir y desear de su mundo tangible.

religioso

La idea de Dios y la divinidad significaron un argumento primordial en su trabajo. Desde la niñez sostuvo creencias de la espiritualidad, el amor y la devoción que volvió símbolos de fe en su obra. En aquella larga meditación, que evolucionó con el pasar de las décadas, no solo reafirmó el actuar de Dios y la representación de lo espiritual e invisible, sino también la cualidad divina que hay en la naturaleza misma de las cosas.